Los secretos de Rebecca De Mornay: de niñera psicópata a mito erótico con Tom Cruise

A los 63 años, la actriz californiana que triunfó en los 90, terminó con una breve carrera cinematográfica, algunas actuaciones en televisión y una feroz crítica a Hollywood

Rebecca de Mornay fue una sensual y prometedora actriz de 23 años. Sus trabajos en “La mano que mece la cuna” y “Risky Business” no solo ayudaron a impulsar su carrera sino que también lanzaron al estrellato a Cruise. La crítica además de alabar a la actriz por sus trabajos, la catalogó como nuevo símbolo sexual.

Su carrera llegó a la cima en los 90 en la que las heroínas de Hollywood eran maniacas asesinas. Su destino quedó marcado por su personaje de niñera vengativa en el clásico de suspenso de 1992. No sería la única vez que interpretaría a una mujer que genera adicción en los hombres en la pantalla grande. Ella nunca se sintió encasillada por estos personajes malvados, incluso reconoció que es más divertido interpretar a la mala de la película.

Ex pareja del poeta Leonard Cohen y luego del propio Cruise, desapareció de la pantalla cuando nadie lo esperaba tras varios pasos en falso en su carrera.

“‘¿Qué hay para las mujeres en el cine?’”, se preguntó De Mornay tiempo atrás, quien afirmó que comenzó a ver “más guiones” para colegas mujeres después de “La mano que mece la cuna”. Y profundizó en esta temática, que en la actualidad es una batalla planteada por las grandes actrices del cine que están hartas de romper la taquilla pero ganar menor que los actores con quien comparten créditos. “La pregunta más urgente es ¿cómo se trata a las mujeres en todo el mundo? En Hollywood no es distinto”.

Mito erótico de los 80′

 

Rebecca De Mornay fue unas de las actrices más sensuales de mediados de los ochenta y principios de los 90. Nacida el 29 de agosto de 1959 en California, su abuela paterna era la actriz infantil Eugenia Clinchard y su padre, Wally George, un presentador de televisión. Sus padres se divorciaron cuando ella tenía dos años y se fue a vivir con su madre y su medio hermano a Europa. Su educación fue poco ortodoxa: acudió a una escuela privada inglesa progresista. Su padrastro murió cuando ella tenía 5 años y no tuvo relación con su padre.

Básicamente se separó del dolor: fue entonces cuando comenzó nuestra odisea”, dijo De Mornay en una entrevista con Los Angeles Times sobre su infancia nómade. En su adolescencia vivió en la ciudad de Kitzbuhl, Austria, donde aprendió a hablar alemán.

“Tuve una infancia tan extraña”, dijo De Mornay al citado medio. “Pero parecía normal. Supongo que de niño tienes una aceptación sombría de lo que está pasando en tu vida. Supongo que de niño tienes una aceptación sombría de lo que está pasando en tu vida. No es que mi infancia fuera una sombría historia de terror, pero era una vida insegura. No teníamos raíces en ningún lado y vivíamos en países que no hablaban nuestro idioma”.

Su madre murió cuando tenía 23 años. De hecho, fue ella quien le sugirió a su hija que considerara la actuación como carrera. Después de pasar varios meses estudiando en el Actors Studio de Lee Strasberg en Hollywood, debutó a los 23 años en la película “One from the heart” de Francis Ford Coppola. Después dio el salto definitivo cuando consiguió un papel en la comedia juvenil “Risky Business”, en la que encarnaba a una manipuladora prostituta que terminó montando un burdel en la casa de un novato Tom Cruise.

Con su flequillo rubio, facciones de una muñeca de porcelana y ojos azules, De Mornay se convirtió en una de las mujeres más deslumbrantes del cine. Y con su escena de sexo con Cruise en un metro de Chicago nadie se atrevió a discutir su categoría de mito erótico.

Tras el éxito de la película dirigida por Paul Brickman se puso a las órdenes del ruso Andrei Konchalovsky en el thriller “El tren del infierno” con Jon Voight y Eric Roberts y el drama “The Trip to Bountiful” al lado de Geraldine Page, considerada una de las mejores actrices estadounidenses de teatro y cine de todos los tiempos. También personificó a una cantante ambiciosa en “The Slugger’s Wife” y una afligida ex esposa en “Backdraft”. Más tarde, el cineasta francés Roger Vadim la eligió en 1988 para la remake de “Et Dieu… créa la femme”, donde interpretaba de una reclusa lujuriosa que inmortalizó Brigitte Bardot tres décadas atrás. Ella no tuvo reparos en protagonizar fuertes escenas sexuales.

“Me encantó trabajar con Geraldine. Aprendí mucho de ella. Me di cuenta que tienes un ritmo en tu carrera y si te lo tomas demasiado en serio, vas a arruinarte. Llevo 10 años en esta industria y no estoy loca, no estoy muerta, no he estado en rehabilitación. No han podido deshacerse de mí y eso es decir mucho”, afirmó en diálogo con Los Angeles Times.

Pero con la excepción de “Backdraft”, ninguna de esas películas tuvo éxito comercial. No fue hasta que De Mornay apareció interpretando a una niñera vengativa en el thriller de Disney “La mano que mece la cuna”, dirigida por Curtis Hanson, que le sumó un éxito muy necesario a su currículum. “A causa de la mala suerte o las malas decisiones, Rebecca quedó infravalorada como actriz después de ‘Risky Business”, opinó Hanson. “Los fracasos en los que estaba metiéndose tenían mucha atención que la lastimaron”.

Una niñera psicópata amada por el público

Cuando tenía sólo 19 años y gracias a la comedia de 1983 que impulsó a la desconocida actriz por su cuenta, se ubicó entre esas mujeres que siempre consiguen al hombre que quieren. Definitivamente fue “La mano que mece la cuna”, la película que la convirtió en una cara conocida para el público y que la posicionó como una femme fatale de la pantalla.

“Audicioné seis meses, que no es nada, cuando obtuve el protagonismo femenina en un filme que se convirtió en un gran éxito”, recordó De Mornay. Un thriller que le dio trabajo por casi una década y un nombre que para un generación es imposible de olvidar.

Años antes de películas como “Los ángeles al desnudo” o la película “8 Mile” de Eminem, el realizador estadounidense Curtis Hanson (que murió el 20 de septiembre de 2016) fue parte de la tendencia de los thrillers de la época con “La mano que mece la cuna”.

Embarazada, Claire Bartel (Annabella Sciorra) acude a realizarse un chequeo con su obstetra, Victor Mott (John de Lancie); en ese control, la mujer es abusada sexualmente y decide luego denunciar al médico, provocando un efecto dominó: otras víctimas alzan su voz, y Mott se suicida. De un día para el otro, aparece en la vida de una pareja Peyton Flanders, una atractiva y vengativa niñera. Rebecca jugó una nueva versión de Glenn Close en “Atracción fatal” que usó la lactancia materna como arma táctica para enloquecer a esta mujer que había roto su sueño de convertirse en madre. El mayor error que comete Claire es no confiar en su mejor amiga, Marlene (Julianne Moore), quien le dice una de las frases más recordadas del filme: “Nunca dejes que una mujer atractiva tome el mando de tu casa”.

“La mano que mece la cuna” ha pasado a la historia al convertirse en uno de thriller más taquilleros de los 90

Cybill Shepherd rechazó el papel guiada por sus convicciones feministas, pero se equivocó. La crítica ni el público vio un relato misógino, sino dos mujeres con sus propios conflictos.

“El sadismo de esta niñera es psicológico”, escribió David Ansen en su reseña para Newsweek. Esta mujer perversa de De Mornay, con una gélida calma mientras cometía todo tipo de hechos aberrantes, fue parte del éxito en la taquilla. Ella demostró que la belleza no tiene que ir acompañada de la delicadeza. “Cuando estaba filmando, pensé que todos me odiarían. Pero cuando se estrenó la película, a todos les encantó mi personaje”, recordó.

No obstante, este papel condicionó sus siguientes trabajos, encasillándola en papeles de malvada, tal como el turbio personaje de Milady en “Los tres mosqueteros“ y el thriller erótico “Nunca hables con extraños”, donde compartió pantalla con Antonio Banderas.

Antonio Banderas y Rebecca De Mornay en “Never Talk To Strangers”, 1995. (Photo by TriStar/Getty Images)

En 1995, el actor español fue entrevistado por su amiga y colega de profesión Carmen Maura para el programa de cine “Primer Plano” en Canal +. Cuando Maura le propuso definir a Rebecca De Mornay con una sola palabra, Banderas respondió: “Peligrosa”.

En ese entonces, De Mornay no sentía presión para replicar el suceso de “La mano que mece la cuna” y no estaba obsesionada en lograr un éxito tras otro ya que que sabía de primera mano cómo funcionaba la industria: “Nada ha cambiado, excepto mi salario”.

Declaró en su momento que no tenía ninguna intención de huir de esos personajes de mala atractiva, pero también buscaba otros desafíos en su trabajo como actriz. En “Culpable como el pecado”, un drama judicial dirigido por Sidney Lumet regresó a un terreno más familiar, interpretando otro objeto de deseo. Pareja con Don Johnson, afirmó “Me intrigó estar en un thriller y ser la que está aterrorizada después de haber sido la que aterroriza”.

Con Tom Cruise, del rechazo a un romance intenso

Tom Cruise mantuvo un intenso romance con su co-estrella Rebecca De Mornay, en los sets de la película “Risky Business”

La química en pantalla entre los dos protagonistas de “Risky Business” no sucedió en un principio detrás de cámara. En la vida real, no fue una conexión instantánea. Su compañero de elenco”, Curtis Armstrong, reveló detalles del intenso romance entre los actor en los sets de la película. “No es ningún secreto que Tom tuvo una aventura intensa con De Mornay”, escribió Armstrong en sus memorias de 2017, “La venganza del nerd”.

La atracción no fue mutua al principio por parte de la actriz. En ese momento, Cruise tenía 19 y De Mornay, 23. El rechazo de su compañera lo llevó a pasar tiempo con otras mujeres mientras en el set de rodaje.“Estudios bíblicos y sexo oral” entre los pasatiempos de Tom, de acuerdo a Armstrong .“Volviendo tarde una noche, encontré tres o cuatro chicas jóvenes haciendo fila en el pasillo fuera del camarín de Tom”, relató en su libro.

Estamos hablando de un joven que sabía administrar su tiempo y que compaginaba a la perfección sus estudios de la Biblia con las felaciones que le hacían estas chicas. Sin embargo, lo primero que pensé en ese momento, fue ‘Pobre Tom va a estar realmente molesto si estas chicas lo interfieren con su lectura de la Biblia. Cuando les pregunté si había algo que podía hacer para ayudarlas, ellas sólo me miraron y en ese momento, la puerta de Tom se abrió y salió una chica arreglando su pelo. A continuación entró la primera que estaba esperando afuera”, detalló sin ningún tipo de pudor en uno de estos capítulos.

En ese momento, De Mornay estaba saliendo con el actor Harry Dean Stanton, lo cual fue un gran obstáculo para Cruise. “Debe haber sido un poco irritante tener el corazón puesto en acostarte con tu coprotagonista, y simplemente aparece su pareja”, dijo Armstrong.

Además de estar involucrada con otro hombre, la actriz no estaba muy convencida si tenía interés en él. “Diré que pensé que era muy molesto al principio de nuestra relación”, reconoció Mornay en 2018. Finalmente, decidió darle una oportunidad al actor.

“Terminamos juntos durante dos años y medio después de esa película”, confesó. Tras ese intenso y breve romance, Cruise se enamoró de la cantante Cher.

El romance con Tom Cruise tuvo un profundo impacto en la relación con su ex novio, Harry Dean Stanton. Si bien los dos se separaron una vez que ella comenzó a salir con el actor, eventualmente los llevó a un vínculo de por vida. “Harry Dean y yo somos mejores amigos, y Tom y yo no hablamos más”, admitió la actriz a la revista Vanity Fair en 2017.

Tom -siempre según la versión de Armstrong- habría sentido cierta envidia de la relación de su novia con su ex. “Estaba un poco celoso de él, y sintió que Harry era como un invitado de esos que se quedan más tiempo del necesario en su casa. Sospecho que en el fondo él sentía no tenía algunas de las cualidades que hacían especial a Harry”, explica Armstrong sobre el hecho de que Stanton era mayor que ellos y probablemente más maduro.

Respecto a su vida amorosa, De Mornay se casó en 1986 con el reconocido novelista Bruce Wagner y se divorciaron en 1990. Después mantuvo una relación romántica con el famoso poeta y cantautor canadiense Leonard Cohen, una de las personas más importantes de su vida, según ha comentado en varias ocasiones. “Aunque lo considero un gran artista, no fue su arte lo que me conectó fue el ser humano”, dijo al referirse a su relación con Cohen, con quien coprodujo el álbum de 1992 “The Future”, que estaba dedicado a ella. De 1995 a 2002 fue pareja de Patrick O’Neal, con quien tuvo dos hijas: Sophia y Veronica.

Su mirada sobre el casamiento es bastante particular: “A decir verdad, el matrimonio no me pareció tan bueno durante mucho tiempo. Es un ritual hermoso, pero realmente tienes que examinar lo que significa. ¿Qué significa ‘hasta que la muerte nos separe’”.

Hollywood y su eterna juventud

En una carrera irregular, Rebecca tiene otros créditos cinematográficos que incluyen “Identity”, “Lords of Dogtown” y “Wedding Crashers”. En televisión, interpretó a Wendy Torrance en la adaptación de la miniserie de “The Shining” (1997) y a Dorothy Walker en “Jessica Jones” de Marvel. Además, fue parte en “American Pie: El reencuentro” y también hizo una aparición estelar en la serie de Netflix, “Lucifer”, que terminó el año pasado.

De Mornay ha dicho que elige sus roles de una manera que ayuda a corregir la desigualdad entre hombres y mujeres en la industria “Decir que las mujeres no deberían interpretar a psicóticas porque es antifeminista, es pensar como una minoría. Es muy, muy importante que las mujeres entiendan que no solo deben interpretar a heroínas buenas. Quieres jugar todos los papeles”, opinó sobre el rol de la mujer que Hollywood busca instalar y que, por suerte, está cambiando con actrices cada vez más fuertes y de temer en la pantalla grande.

Durante su paso por el festival de Sitges, España, donde fue galardonada por su contribución al cine de terror, se despachó a gusto sobre los implacables métodos de la meca del cine: “Es muy difícil para cualquiera sobrevivir en Hollywood después de los 30″.

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