Descubra a cuatro genios del cine en plataformas de ‘streaming’

¿Se imaginan a Leonardo Da Vinci con una cámara de cine o con una de video? El genio del Renacimiento no solo pintó a la Mona Lisa. Fue arquitecto, filosófo, ingeniero y hasta dejó los bocetos de máquinas de guerra que hoy veríamos como helicópteros y tanques de guerra. Todavía hay mentes como la de Da Vinci: creadores que no soportan estar en una sola parte. Tom Ford, Steve McQueen, Julian Schnabel y John Carpenter han hecho cine hasta el cansancio y ninguno empezó como cineasta; vienen de la moda, del arte y de la música; dejaron de lado las tijeras y los pinceles para decir “¡acción!”

Dirigen, escriben, componen, editan, a veces se encargan del diseño de producción, de los encuadres y hasta de los colores de sus filmes… a los cuatro les corre el cine por las venas, y es el mejor espacio –o uno de los espacios– que tienen para explorar lo que estudiaron o lo que los hizo famosos.

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Y lo que logran en la pantalla duele, choquea, incomoda o conmueve hasta las lágrimas. Basta con recordar La escafandra y la mariposa, de Schnabel. En una de sus secuencias, su protagonista, atado a una silla de ruedas, observa el mar, las gaviotas lo rodean, y parece que la paz reinara en el lugar. Está solo. Poco a poco, su rostro se enroje: el agua salada, el viento y un sol incandescente hacen de las suyas en su piel frágil, en su cuerpo inerte. Sus pensamientos arden, tanto o más que las quemaduras que le están apareciendo. Le remuerde la culpa del pasado y las frustraciones de lo que no será. La escena es conmovedora y brutal, angustia: es un cuadro precioso de la desolación. Esta película del 2007, con Mathieu Amalric, es más que el relato emocional de un cuarentón tirano que solamente puede comunicarse a través de su ojo izquierdo luego de padecer un accidente cerebro vascular por estrés… es un poema sensorial de la belleza que se halla en el dolor y la tragedia; es una muestra de lo que puede lograr Schnabel, un brillante artista plástico que le ha puesto su sello al cine.

Schnabel es una figura de las artes plásticas. En los años 70 se graduó como Bachelor of Fine Arts en la Universidad de Houston y se dedicó a pintar y a hacerse un nombre en el elevado mundo del arte. Tenía la madera y el ímpetu…y la lengua larga: sus comentarios polémicos lo hicieron famoso: “Soy lo más cercano a Picasso que van a conocer en esta p… vida”.

Tal vez no fue Picasso y tampoco tuvo el genio de su viejo amigo Andy Warhol, pero sus obras están en algunas de las colecciones prestigiosas del mundo: en el Metropolitan y en el MoMa de Nueva York; en el Whitney Museum; en el Museum of Contemporary Art (MOCA), de Los Angeles; en el Reina Sofía de Madrid o en el Georges Pompidou en París. Sus cuadros hechos con platos rotos –los famosos Plate Paintings- pueden costar hasta un millón y medio de dólares.

El mundo del arte no fue suficiente para él y sacó su ingenio para contar historias en la pantalla; cuatro películas han sido suficientes para convertirse en un rey de los festivales: contó la vida de su atormentado amigo Jean Michel Basquiat –con un reparto de lujo, entre ellos David Bowie, Jeffrey Wright, Benicio del Toro y Gary Oldman– en Basquiat (1996), un filme que lo puso bajo los reflectores; luego hizo Antes que anochezca (2000), con Javier Bardem y Johnny Depp, basado en las potentes memorias del escritor cubano Reinaldo Arenas y las horribles persecuciones que sufrió en la isla por ser poeta y homosexual; la mencionada La escafandra y la mariposa (2007), sobre las memorias del editor de la revista Elle, Jean-Dominique Bauby, y Van Gogh: en la puerta de la eternidad, una mirada personal la locura en los últimos años del genio con Willem Dafoe.

Julian Schnabel y Mathieu Amalric, en el rodaje de ‘La escafandra y la mariposa’ (2007)

“La pintura es para mí como la respiración. Es lo que hago todo el tiempo. Todos los días hago arte, ya sea pintando, escribiendo o dirigiendo una película”, explicó en una entrevista el neoyorquino –fanático de César Rincón y de los toros– que se ha casado dos veces, es padre de cinco hijos y que habla español con fluidez. Cannes, Sundance y los Globos de Oro ––donde ganó como mejor director por La escafandra y la mariposa-, y los Óscar –en los que aspiró a la estatuilla en la misma categoría y por el mismo filme- se han rendido ante sus historias que transforman la agresividad y la violencia de las realidades de sus protagonistas en poemas delirantes y tristes.

Desde el 2018, Schnabel no dirige un filme, pero no ha pasado un día en que no avance en uno de sus cuadros. Tampoco las galerías de medio mundo dejan de exhibirlo.

El hombre de la moda

Otro caso inusual es el del modisto Tom Ford, el hombre que ha estado detrás de marcas como Gucci e Yves Saint Laurent. En el 2005 ya era mundialmente conocido por sus diseños y sus polémicas. La muerte de su pareja, el periodista y escritor Richard Bukle, lo sumergió en una profunda depresión y lo llevó a refugiarse en uno de sus pendientes en la vida: hacer películas. Su pasión por las pantallas había empezado muchos años atrás cuando se convirtió en actor y modelo de varias campañas a finales de los 70.

Nunca estudió diseño de modas, tampoco cine. Se graduó como arquitecto y diseñador de interiores en la famosa Parsons The New School for Design de Nueva York. Aunque fue algo que jamás puso en su hoja de vida cuando aplicó para sus primeros trabajos como asistente de la diseñadora Cathy Hardwick. Su talento, porte y astucia han sido una combinación ganadora.

“Cuando ella me preguntó qué diseñadores europeos me gustaban le dije que Armani y Chanel porque Cathy llevaba algo de Armani. No era de extrañar que consiguiera el trabajo”, recordó Ford, que solo unos años más tarde salvaría a Gucci de la quiebra y la reposicionó como una de las casas de moda más importantes del mundo gracias al revolcón en diseño que le dio y la sensualidad (casi sexualidad) que les imprimió a sus campañas. Hoy es la firma de su propia casa de diseño que viste a cientos de famosos y que factura mil millones de euros al año.

Pero en 2005, para salir de la depresión, no necesitaba un desfile de modas; necesitaba una película. Un hombre soltero (A Single Man), con Colin Firth y Julianne Moore, es la historia de un hombre que intenta rehacer su vida luego de la muerte de su marido (un relato muy cercano para Ford por esos días), más tarde hizo Animales nocturnos (2016), con Jake Gyllenhaal y Amy Adams, un estupendo thriller en el que una galerista se sumerge en la tormentosa novela que ha escrito su exmarido. Ambas son adaptaciones literarias de obras de Chistopher Isherwood y de Austin Wright. Y han sido sus dos únicas y exitosas películas. Fueron aplaudidas por la crítica y les calló la boca a los que le auguraban un fracaso estrepitoso. Este par de títulos son dos verdaderas joyas.

“Me gusta asumir grandes desafíos. Un hombre soltero me enorgullece, pero tienes que seguir adelante, hacer el segundo filme, el tercero, el cuarto. Has de tomar riesgos si eres una persona creativa. Si no, es bastante insulso”, dijo en una charla con ‘El País’ de España. Por Animales nocturnos, el modisto obtuvo dos nominaciones por dirección y adaptación de guion en los Bafta.

“Susan (Amy Adams) soy yo. Tiene pertenencias materiales pero se da cuenta de que no son las cosas importantes. Lucha contra el mundo en el que yo vivo: el de los ricos absurdos, de la falsedad y la vacuidad”, relató sobre su película a ‘The Hollywood Reporter’.

¿Qué por qué hace cine si tiene todo lo que quiere como diseñador? “La moda es perecedera y sin mucho valor, mientras que el cine pervive para siempre”, agregó el modisto texano de 61 años que se confiesa un inseguro empedernido, adicto a la cafeína y a las pastillas para dormir.

El músico del terror

La lista de bandas sonoras que ha compuesto John Carpenter es más larga que la de películas que ha dirigido: 78 contra 32. El neoyorquino no solo aplica la fórmula del exitoso combo dirección-guionista, sino que a sus películas les suma la música, que él mismo compone.

Su nombre integra la trinidad del cine de terror y suspenso junto a Wes Craven y David Cronenberg, reyes de lo macabro en los años 70 y 80. Carpenter tiene 74 años y hace cinco que no dirige una película, pero su impronta sigue firme en la pantalla, gracias a esos delineados personajes que creo en 1978 para su legendaria Halloween: el psicópata Michael Myers y su principal víctima, la inocente Laurie que lanzó a la fama a una entonces novel Jamie Lee Curtis.

John Carpenter

John Carpenter tuvo una visita escalofriante al psiquiatra. De allí salieron varias características de Michael Myers el psicópata de la saga de ‘Halloween’.

Hijo de un reputado músico y académico, Carpenter también intentó con la música antes de pasarse al cine. Con su papá como director del departamento musical de la Western Kentucky University aprendió a tocar la guitarra, el piano y varios sintetizadores. Pero su pasión estaba detrás de una cámara de 8 mm con la que rodó sus primeros cortos, incluidos el exitoso The Resurrection of Broncho Billy (1970) que obtuvo el Óscar al mejor cortometraje. Hasta que llegó Halloween, que abrió la puerta a una de las franquicias más jugosas del cine de terror y que pasó a la historia como un éxito de taquilla: costó 350.000 dólares y recaudó 65 millones.

“Halloween nunca fue mi idea para la película. Mi idea era hacer una película sobre una antigua casa embrujada. Es cine de explotación 100 %. Decidí hacer una película que me hubiera encantado haber visto cuando era niño, llena de trucos baratos, como la casa encantada en una feria, donde se puede caminar por el pasillo y las cosas te saltan a la cara. Se ha sugerido que estaba haciendo algún tipo de declaración moral. Créanme, no lo era. En Halloween yo veía a los personajes como adolescentes simplemente normales”, contó Carpenter durante un homenaje que le rindieron en la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes del 2019.

Se ha sugerido que estaba haciendo algún tipo de declaración moral. Créanme, no lo era. En Halloween yo veía a los personajes como adolescentes simplemente normales

Catalogado como uno de los padres del slasher, ese subgénero del terror en el que un psicópata asesina a jovencitos descarriados, también incursionó en cintas de acción con tintes cómicos como Escape from L.A. (1996) o Rescate en el barrio chino (1986) –que contaron con su actor fetiche por mucho tiempo, Kurt Russell-, o de ciencia ficción, fantasía y suspenso como Starman (1984), In the Mouth of Madness (1994) y su malquerida The Fog (La niebla, también con Russell, de 1980), que fue eclipsada por el estreno simultáneo con E.T., el tierno extraterrestre que hacía ver más horrorosa a la criatura de otro planeta que había confeccionado la mente retorcida de Carpenter.

“Yo quise sacar a mi bebé a la luz. Y hubo gente que lo rechazó porque lo asociaban a un feto. Ya ves, en todo caso había sangre”, agregó el director.

Película Halloween de 1978

‘Halloween’, de 1978, costó 300.000 dólares y recaudó 65 millones: todo un éxito en la taquilla.

Para emoción de sus fanáticos, Carpenter está de regreso. Sus creaciones más famosas volverán a las salas de cine este octubre con el estreno de Halloween Ends, la película que promete cerrar con lujo –y muchísima sangre- la saga del inmortal Michael Myers.

Nunca ha parado de componer, la última banda sonora que hizo fue para La noche de Halloween, del 2018. La música electrónica instrumental que hacían los alemanes en los 70 –Kraftwerk o Tangerine Dream-, con sus sonidos minimalistas, le martillaron el cerebro para que aplicara lo que había aprendido en la escuela. “Utilizo sintetizadores porque amplifican la música y llenan los oídos. Es un reflejo de estudiante, de los tiempos de los bajos presupuestos”, evocó en su charla en Cannes.

Artista en movimiento

12 años de esclavitud no es un título más de ese horrible capítulo de la historia americana, pero pudo serlo; a cambio, su director Steve McQueen logró que sus protagonistas parecieran los actores de un performance que destila sufrimiento e injusticia, en un marco que tiñe de colores imposibles el cielo veraniego de Nueva Orleans, donde la sangre y las lágrimas de miles de esclavos se fundieron en las plantaciones de algodón.

Película 12 años de esclavitud de Steve McQueen

’12 años de esclavitud’, de Steve McQueen, ganadora del Óscar a mejor  película en el 2014.

La historia de Salomon Northup es un drama desde el crédito inicial: un negro libre es secuestrado y vendido como esclavo es el hilo del filme que le dejó a McQueen el Óscar como productor de la mejor película de 2014. Este británico ya era conocido en el universo cinematográfico: Hunger (2008) fue su primer largometraje, inspirado en un hecho real ocurrido en 1981 cuando un preso político lideró una huelga de hambre en una prisión irlandesa y un papel para el que un brillante Michael Fassbender bajó 25 kilos.

Pero sus raíces están en las artes y la fotografía: McQueen se formó en el Chelsea College of Art and Design y en bellas artes en el Goldsmiths College. Allí descubrió que el audiovisual sería su forma principal de expresión, narraba historias a través de cortos que proyectaba en un cuarto oscuro. Así se fue convirtiendo en uno de los más importantes exponentes de las videoinstalaciones.

Su más reciente exposición, Sunshine State, en Pirelli HangarBicocca, de Milán, en colaboración con la Tate Modern de Londres, es una conmovedora apuesta de la imagen en movimiento inspirada en los dramas y la fragilidad del ser humano.
En 1999 ganó el Premio Turner, el más importante para un artista plástico en el Reino Unido; sin embargo, la gente recuerda más que la famosa Tracey Emin estuvo nominada y perdió en aquella ocasión. McQueen está convencido de que la mayor parte de su éxito se la debe a Estados Unidos: “Tal vez los artistas negros se destaquen más allá, y logran una aceptación más amplia”, aseguró a la ‘BBC’.

Vive entre Londres y Amsterdam, y sin dejar de hacer arte y exponer –hace un par de años la Tate organizó una brutal retrospectiva de sus obras en 20 años de trabajo-, ha producido otras películas y miniseries. Shame (2011), sobre las memorias de un adicto al sexo, y Viudas (2018), un original relato de las esposas de asesinos y mafiosos, fueron sus últimos largometrajes.

Hay un dato curioso: cuando empezó a incursionar en la industria cinematográfica, los productores y ejecutivos de los estudios no le pasaron al teléfono: llamarse Steve McQueen, como la leyenda de la actuación de Papillon, El gran escape e Infierno en la torre, les sonaba a una broma. Para el director y guionista fue un tema de tiempo y el destino le abrió espacio junto a su homónimo. Tanto y tan importante que el cine acabó por eclipsar de alguna manera su faceta como artista. “Muchos jóvenes irán a las exposiciones porque Steve, el director de Hollywood, es un ícono para ellos”, comentó en ‘The Guardian’.

Película Hunger de Steve McQueen

Michael Fassbender en ‘Hunger’, de Steve McQueen.

Tres películas brillantes han sido suficientes para McQueen, que bebe de las heridas y las traiciones, y las plasma sin pudor en la pantalla, pero también destaca esos pequeños triunfos de la humanidad, que le dan cierta libertad y armonía a un caos reinante.

“Tanto Hunger como 12 años de esclavitud se basan en hechos reales relacionados con la falta forzada de libertad, mientras que en Shame el protagonista se autoencierra en una adicción, el sexo, una falta de libertad voluntaria. Otra esclavitud. A mí –comentó en ‘El País’ de España– me atrae contar historias de seres humanos que chocan contra los esquemas de sus épocas”.

¿Dónde verlas en plataformas de streaming?

Un hombre soltero (A Single Man)- HBO Max
Animales nocturnos- Prime Video / Starz
Halloween- Prime Video / Paramount+/ Starz
La niebla (The Fog): Apple TV
12 años de esclavitud: Stars+
Shame: HBO Max
Van Gogh: en la puerta de la eternidad: HBO Max

SOFÍA GÓMEZ G.
CULTURA
@Sofic1ta

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